Anne Marie Penon ha escuchado para nosotros, en castellano...

 

El día 10 de febrero, en el Colegio de España de la Ciudad Internacional Universitaria de París, tuvo lugar una charla cuyo tema era : El nacionalismo vasco y el Plan Ibarretxe, siendo el conferenciante Javier Pradera, periodista y escritor con un impresionante currículo (fue uno de los fundadores de El País, fundó la casa editorial Alianza, es doctor honoris causa de un sinnúmero de universidades por el mundo, es director de la revista Claves de razón práctica, etc.), y por otra parte natural de San Sebastián.

 

En una primera parte, Javier Pradera insistió en lo que él contempla como una dimensión radical del nacionalismo vasco, tanto abertzale como moderado, o sea su relación originaria con la violencia. Desde su fundación, el nacionalismo vasco presenta la « larga marcha del pueblo vasco hacia la soberanía » como una lucha que arraiga en un pasado remoto (y en orígenes más míticos y mitológicos que históricos), y cuyas etapas más contemporáneas son las Guerras carlistas de 1839 y 1870, siendo la Guerra civil de 1936-1939 vista como una « tercera guerra carlista » en la que el pueblo vasco siguió peleando por su libertad.

Para Javier Pradera, ideológicamente los nacionalistas vascos no  separan su reivindicación histórica de la violencia, y de ésta hay resonancia en la propuesta Ibarretxe : por eso le pareció finalmente adecuado al conferenciante hablar de este tema en el contexto del referéndum europeo que se iba a celebrar pronto en España, por haber una paradoja entre el proyecto europeo de construcción pacífica de una comunidad de pueblos y naciones, y la violencia subyacente en la propuesta del lehendakari.

Luego, Javier Pradera analizó el Plan Ibarretxe, presentándolo como « un cohete con tres fases » :

-         La primera fase es la de « un nuevo pacto político de convivencia y libre asociación », que entra en sintonía con la reivindicación gallega y catalana. Contempla la creación de un estado confederal, que se opone al actual estado compuesto, el de las Autonomías.

-         La segunda fase es la actualización del derecho de los ciudadanos a decidir su destino, fase que se ha concretado en la aprobación del Plan por el parlamento vasco, y luego ha de rematarse con el referéndum, que será convocado por el parlamento vasco y en el que sólo votarán los vascos. A este respecto, Javier Pradera recordó que, si en un primer tiempo se afirmó desde los ámbitos nacionalistas la necesidad de una amplia adhesión expresada por la ciudadanía vasca al Plan, en vista del progresivo deterioro del voto nacionalista ahora aceptarían que tan sólo hubiera un voto más en favor del sí, importando poco por otra parte la participación... Para esta fase se sigue pidiendo la participación del Estado español en la negociación.

-         La tercera fase, apenas siluetada, es la relación con Francia y Europa, o sea el proyecto de Euskal Herria ; de paso, cabe recordar que el voto nacionalista ni siquiera alcanza un 20 % en Navarra, y un 5 % en Francia.

Javier Pradera concluyó esta presentación con esta frase : « Si falla la autodeterminación, siempre valdrá el irredentismo de los derechos históricos », desde la perspectiva nacionalista, se entiende...

El conferenciante prosiguió su charla exponiendo lo que es para él una « conexión implícita e inarticulada » entre el nacionalismo moderado y radical ; para él, existe un « entramado inextricable de relaciones entre los dos nacionalismos, que en el fondo componen un nacionalismo tribal y excluyente » - por lo que difiere del nacionalismo catalán, el cual no tiene ninguna conexión con el nacionalismo violento, y es un nacionalismo cívico. El Pacto de Estella es un buen ejemplo de dicha conexión, ya que hubo de hecho dos pactos : uno secreto entre ETA, el PNV y EA, y otro público, en el que la familia nacionalista concluyó unirse y apartar a los no nacionalistas.

El PNV era el único interlocutor válido para el Estado en 1975, lo que le permitió conseguir una muy amplia autonomía para Euskadi, con un autogobierno de enorme amplitud. Ahora el PNV se ha convertido en un Estado dentro del Estado. Su proyecto era, y sigue siendo, crear una nación vasca para asentar definitivamente las bases nacionalistas del futuro « estado vasco »: para ello ha ido imponiendo el uso del euskera en toda la enseñanza (casi no queda escuela donde la lengua vehicular  sea el castellano). De momento, a pesar de sus esfuerzos, ha fracasado en este intento.

El pretexto esgrimido por el PNV para justificar su pretensión de derogar el estatuto de Guernica, es su incumplimiento; sin embargo, cualquiera puede ver que sí se ha cumplido, y con creces : además de los poderes muy amplios (más amplios que en cualquier otra Autonomía) que tiene el gobierno autonómico vasco en materia de educación, administración, policía, también sale ganando en cuanto a su financiación : dentro del sistema de redistribución de la renta, el País Vasco recibe del Estado central  mucho más (un 50 %) de lo que da, lo que puede calificarse de verdadera sobrefinanciación. No obstante, es forzoso constatar que este estado tan poderoso no ha logrado construir una nación vasca.

Javier Pradera propuso a continuación una explicación a la prisa que por lo visto se ha apoderado del PNV y del lehendakari en cuanto a su propuesta soberanista. Es de recordar que desde hace unos cuantos años, la diferencia entre el voto nacionalista y el no nacionalista se ha recortado mucho, hasta el punto de que, en 1997, se empezó a vislumbrar la posibilidad de la alternancia en el poder : gracias al llamado « espíritu de Ermua », resultado del atroz asesinato de Miguel Ángel Blanco y que llevó a un creciente rechazo del nacionalismo radical, el PSOE, el PP y los partidos « españoles » se vieron en condiciones para formar una mayoría de gobierno sin necesidad de aliarse con el PNV. De ahí que la familia nacionalista firmara el Pacto de Estella, para evitar que ese poderoso estado cayera en manos de fuerzas no nacionalistas. El Plan Ibarretxe forma parte de esta estrategia encaminada a cerrar cualquier posibilidad de que el gobierno de Euskadi se les escape a los nacionalistas.

Por fin, Javier Pradera analizó las perspectivas desde las cuales, según él, se puede resistir al nacionalismo vasco :

-         desde la legalidad : en efecto, el Plan Ibarretxe es totalmente anticonstitucional, aunque recurra a los « derechos históricos » que aparecen en una disposición adicional en la Constitución.

-         desde la legitimidad : a la inversa de lo previsto por la Constitución, o sea la consulta de todos los españoles en caso de quererse reformar los estatutos, los nacionalistas pretenden que sólo el « demos » vasco tiene la legitimidad para elegir su destino ; entonces, hay que cambiar las mayorías en el gobierno y en el parlamento vascos, y ésta es la tarea que tienen los socialistas, que han elegido ir a las elecciones del 17 de abril por separado, para no repetir un esquema (el de 2001, cuando se aliaron con el PP) que no les permitió alcanzar la mayoría . Pero claro, si –lo que no es probable, pero sí posible – los nacionalistas salen minoritarios, entonces será imparable una alianza de gobierno entre el PP y el PSOE.

La charla acabó con un diálogo entre Javier Pradera y los asistentes, en particular a propósito del carácter excluyente del propio Plan Ibarretxe, el cual establece una diferencia entre nacionalidad y ciudadanía ; dicho de otro modo, de cumplirse el proyecto del lehendakari, habría dos categorías de vascos : los que tuvieran la nacionalidad vasca (con sus ventajas y privilegios) por haber probado ser vascos « por los cuatro costados », y los otros, a quienes sólo se concediera la ciudadanía vasca. Se trata claramente, pues, de « limpieza étnica ».

También explicó el conferenciante el porqué de la reivindicación irredentista de Navarra en el proyecto de Euskal Herria. En el mito del origen del pueblo vasco está el reino medieval navarro; Navarra es la cuna de los vascos de pura cepa mientras que en Euskadi están asentados los « vascongados ». Por eso se ha convertido en lugar de peregrinación de los nacionalistas vascos el monasterio de Leire, donde están enterrados los reyes navarros.

Javier Pradera aludió también a la mezcla de arcaismo y modernidad, típica del nacionalismo vasco y que caracteriza a todos los fundamentalismos, como el fundamentalismo islámico. Lamentó también la falta de libertad para los votantes vascos, recordando las presiones y amenazas a las que están sometidos los políticos no nacionalistas : por ejemplo, dijo, no es nada fácil organizar un mitin político, o una campaña electoral para el candidato de un partido « español », quien además tiene que vivir con escoltas... Situación que los propios vascos resumen con la frase : « En Euskadi hay votación, no elección ». Y subrayó lo difícil que es ser políticamente « laico » allí, frente a las reacciones irracionales a que da lugar la « fe » nacionalista, haciendo imposible un diálogo sereno y democrático . Por fin, recordó que ya se han ido de Euskadi 25000 personas por motivo de la violencia, lo cual es otra prueba, por si hiciera falta, de que el nacionalismo vasco genera muchos más problemas de los que pretende resolver... Y no será el Plan Ibarretxe el que le devolverá a Euskadi la paz y la convivencia que tanto anhela y necesita.

 

 

lundi 14 mars 2005